Miro mi manos, enrojecidas e hinchadas.
Qué he hecho. No lo sé.
Pero me encanta. Libera toda la furia que corre por mis venas, rebosantes de un hecho errado por mi cordura.
Nunca seré éso. Ser éso traería problemas.
Estoy maldito. Maldito por lo que el Señor me hizo ser.
<<¿Por qué?>>, le pregunto. <<Te amo. He dado todo por ti. He tenido fe desde mi primer suspiro en esta Tierra. Y tú, me has hecho un monstruo>>.
Observo a Sara, apaleada, herida y aterrada. No se atreve a abrir los ojos.
Debería arrepentirme, besarle en todas sus heridas, decirle que la quiero, y luego, quitarme la vida por todas las atrocidades que le he hecho pasar.
Me es inalcanzable hacer éso, ya que mi corazón no se siente débil cuando ella está a mi lado. No la quiero. No puedo quererla.
Me alejo de allí, sin dirigirle la mirada.
Lo poco que me avergüenzo de ésto, me hunde más en el pozo de amargura y desdicha en el que quedé atascado hace meses.
Veo a un chico en la lejanía.
Es guapo.
Lo niego mentalmente.
Pensar esa realidad es un error.
Yo soy un error.
Arderé en el Infierno para la eternidad.
Mejor finalizar cuanto antes.
Entro en el baño, e introduzco un puñado de pastillas en mi boca.
Le aseguro a mi conciencia. Mejor tragarlas cuanto antes.
Bebo el agua con peor sabor que he probado. Aunque ya da igual.
Me miro en el espejo.
Mejor arder cuanto antes.
like a rolling stone
jueves, 14 de enero de 2016
miércoles, 13 de enero de 2016
یک
Una gota de sangre cayó del cielo, manchando su piel.
Y la manchó de miedo.
Y de catástrofe.
Y de misericordia.
Miró allá donde los algodones lloran. Un ángel que no erguía sus alas, se desplomaba hacia las tierras teñidas de oro, muerto.
A él le pareció un gran pájaro.
El espeso rojo dibujó en la tez del muchacho, en un idioma siglos atrás olvidado, cuatro palabras, tomadas siempre como una guerra imposible de alcanzar la gloria.
Halló el cuerpo, sucio, cansado, derrotado. Y tan puro.
Era rubio, y los mechones se le rizaban, tristes y caídos, con ondas distorsionadas, que tiempo antes habían sido alegres y extrovertidas. Su musculatura se veía delgada, y, sin embargo, muy fuerte. El rostro quedó con expresión relajada.
Los carnosos labios rosados de aquella criatura no se merecían aquella odisea. Se merecían haber amado y besado durante mucho más tiempo; para la eternidad.
Cuando Abel vio esto, echó a correr. Y no paró, hasta que se mentalizó de que todo era un sueño.
No lo era.
viernes, 8 de enero de 2016
.*·
Se sentía viva corriendo por aquel bosque. Cuando llegaba a la orilla del lago, trataba de atrapar la luna en sus transparentes aguas. Lo conseguía todas y cada una de las veces.
De lo único que padecía era de polvo de estrellas. Quería volar. Y todos saben que para ello se necesita dicho polvo. No hacía otra cosa que buscarlo. Un día, recogió a la luna del lago, y la muchacha le dijo:
–No aspiro a otra cosa que no sea volar. Deseo deslizarme por el cielo. Sentirme pájaro. Sentirme... sentirme. Quiero sentirme. ¿Tú posees aquello que necesito?
Al decir esto, la luna, entre sus manos, le sonrió. Y desapareció, para siempre. Nunca nadie pudo volver a atraparla.
La muchacha sigue, en ese bosque, buscando desesperada, el polvo de estrellas.
¿Quizás, tú tengas aquello que necesita para deslizarse por el cielo, abrazar las nubes, y... sentirse?
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