Se sentía viva corriendo por aquel bosque. Cuando llegaba a la orilla del lago, trataba de atrapar la luna en sus transparentes aguas. Lo conseguía todas y cada una de las veces.
De lo único que padecía era de polvo de estrellas. Quería volar. Y todos saben que para ello se necesita dicho polvo. No hacía otra cosa que buscarlo. Un día, recogió a la luna del lago, y la muchacha le dijo:
–No aspiro a otra cosa que no sea volar. Deseo deslizarme por el cielo. Sentirme pájaro. Sentirme... sentirme. Quiero sentirme. ¿Tú posees aquello que necesito?
Al decir esto, la luna, entre sus manos, le sonrió. Y desapareció, para siempre. Nunca nadie pudo volver a atraparla.
La muchacha sigue, en ese bosque, buscando desesperada, el polvo de estrellas.
¿Quizás, tú tengas aquello que necesita para deslizarse por el cielo, abrazar las nubes, y... sentirse?
No hay comentarios:
Publicar un comentario